Las imágenes vistas el martes pasado en el Capitolio de los Estados Unidos parecerían sacadas de cualquier película de Hollywood donde un grupo de terroristas buscan acabar con la democracia a partir de la toma de rehenes, peticiones imposibles de cumplir y villanos dispuestos a sacrificarse por su causa.
Sin embargo, el escenario es más real que cualquier blockbuster hollywoodense donde al final, los buenos ganan. En este caso los malos no son personajes extranjeros con turbante ni explosivos pegados al cuerpo listos para hacerse estallas, de esos que Estados Unidos se ha cansado de presentarnos como las más temibles personas en el mundo; hoy los insurgentes son, según ellos, patriotas dispuestos a defender la democracia a toda costa, alegando un supuesto fraude y por ende defendiendo a uno de los presidentes más detestables de la historia de ese país.
Las opciones son evidentes: mientras que hace unos meses se blindaba el Capitolio ante una posible intervención del movimiento de Black Lives Matter, ahora el mismo gobierno decidió abrir las puertas y así evitar impedir la catástrofe; las imágenes que le dieron la vuelta al mundo fueron reveladoras en cuanto a la polarización que hay en el país dejando al gobierno de los Estados Unidos como una caricatura política que está viviendo sus últimos días, demostrando que esa democracia y libertad de la que tanto se jactan, es selectiva cuando de color y causas se trata.
La administración de Donald Trump está más que muerta. Ruptura con el Vicepresidente Mike Pence, renuncia en los últimos días de varios funcionarios de la Casa Blanca, condena internacional, se ha puesto sobre la mesa la destitución del presidente, llamados a juicio político, son algunas de las consecuencias que el mismo Donald Trump provocó al alentar en las últimas semanas a sus seguidores a defender por todos los medios la democracia que, en sus palabras, estaba en peligro.
Mientras que los manifestantes entraban y se apoderaban del Capitolio, muy cerca de ahí Donald Trump veía las imágenes con música de fondo, no muy preocupados por los disturbios. Laura Branigan sería la encargada de amenizar el soudtrack de la debacle. Gloria, canción todavía muy popular, sin duda será recordada como el Requiem de la caída de uno de los personajes más polémicos en los últimos años.
El guion de los últimos días de esta administración parece ya estar terminado. Hollywood tendrá que cambiar a sus villanos extranjeros, deberá modificar sus argumentos de lucha en otros países para concentrarlos ahora en territorio nacional; el ejército no combatirá contra insurgentes que quieren aniquilar gobiernos en Europa o Asia, sino que ahora lo hará en territorio propio contra patriotas que, irónicamente, también luchan por, según ellos, conservar las libertades y democracia, algo que para millones de seguidores de Trump, se ha perdido.
1 comment:
En este 2025 es impensable que un presidente en Estados Unidos sea elegido por segunda ocasión en el país que promueve la libertad pero no le interesa someter a los ciudadanos inconformes sin escuchar sus puntos de vida IGUALANDO EL MARCADOR. El fin no justifica los medios jamás. Parece una situación digna de una película revolucionaria que no cambio al mundo ya que se repitió el ciclo en un mundo lleno de contradicciones y dónde con el pasar del tiempo cae en el absurdo de la sociedad
11/Enero/2025
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